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Pies y manos

Pies y manos

La piel de las plantas de nuestros pies contiene más células adiposas en su capa más interna que la mayoría de las demás partes de nuestro cuerpo. Esto es a causa de que nuestros pies necesitan un almohadillado extra para la absorción de impactos. Con cada paso soportan tres veces el peso de nuestro cuerpo y están sometidos frecuentemente a presiones manuales, como el roce de calzados ceñidos o poco adaptables o grandes paseos o carreras.

La piel de nuestros pies es, en realidad, muy delicada. Si bien solemos olvidarla, sobre todo en las estaciones frías en que nuestros pies se encuentran vestidos con medias y zapatos cerrados, lo cierto es que requiere de importantes cuidados y atención. Cuando se acercan los meses cálidos y comenzamos a utilizar calzado abierto, los pies pasan a estar en contacto directo con el medio ambiente y, por lo tanto, con agentes que pueden provocarles sequedad, irritaciones e, incluso, lastimarlos. Para un correcto cuidado de la piel de los pies, es altamente recomendable realizarlo cotidianamente durante todo el año. En esta sección encontrará los productos necesarios para el cuidado de sus pies.

Las manos son nuestras herramientas y su piel difiere notablemente de la del resto del cuerpo. Existe también una completa diferencia entre la piel de las palmas de las manos y la piel del dorso de las mismas.

La piel de las palmas y las yemas de los dedos y pulgares:

  • Tiene una capa córnea gruesa y robusta.
  • Es rica en tejido adiposo y tejido conectivo.
  • Está bien almohadillada con tejido insensible a la presión.
  • No tiene pelo y carece de glándulas sebáceas.
  • Posee una gran densidad de glándulas sudoríparas.
  • Tiene escasez de factores hidratantes naturales (FHN).

La piel del dorso de las manos:

  • Apenas posee tejido adiposo. 
  • Es especialmente delgada.
  • Sólo tiene unos pocos pelos finos.

Los folículos pilosos, a partir de los cuales crece el pelo, se acompañan de glándulas sebáceas y, en consecuencia, son responsables de la producción de sebo, que provee a la piel de lípidos y algunos de sus componentes fijadores de humedad. Así, las manos tienen menos lípidos y son menos capaces de fijar humedad que otras partes del cuerpo.

El hecho de que la piel de la palma de nuestras manos sea diferente a la de su dorso significa también que la formación global de la película hidrolipídica (la emulsión de grasa y agua que cubre la parte externa de la piel) está debilitada. En consecuencia, las manos son más vulnerables a la deshidratación y se resecarán rápidamente en casos de actividad excesiva.

Y nuestras manos trabajan duro. En el curso del trabajo diario en el hogar, el despacho o el jardín, las manos quedarán especialmente expuestas a factores externos, capaces de alterar los lípidos. Mientras que el contacto frecuente con agua sola puede resecar la piel, las manos suelen estar también sometidas a agentes limpiadores, disolventes, cambios térmicos y esfuerzo mecánico. Los sistemas de protección y reparación naturales de la piel reciben exigencias excesivas, cuyo resultado puede ser el daño de la función barrera cutánea.

En definitiva, la piel de nuestras manos tiene una mayor necesidad de reposición de lípidos que la piel de otras partes del cuerpo. Es importante mantener nuestras manos bien hidratadas, dado que las manos dañadas, agrietadas, secas y sensibles presentan una mayor tendencia a desarrollar procesos como la dermatitis por contacto irritante. En esta sección encontrará los productos necesarios para el cuidado de sus manos.

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